brauchst dich nicht, um mich zu beschützen, indem du mich belügst.
Der ganze Laden hörte zu.
—Tú no me viste como una persona —continuó ella—. Me viste como una respuesta para tu duda: “¿todavía existe gente buena?”. Y yo no nací para demostrarle humanidad a un millonario aburrido.
Mateo quiso acercarse.
—Lo siento.
—Yo también.
Lucía se quitó el gafete y lo dejó sobre el mostrador.
—Necesito salir.
Nadie se atrevió a detenerla.
Esa tarde, Mateo la esperó en el Parque México con un ramo enorme de rosas rojas. Se